Una cuarta parte de la basura se arroja en bidones erróneos, lo que dificulta la labor de tratamiento para su separación Cada vecino de la capital recupera 22 kilos de residuos al año
Después de usar los envases ¿Dónde van las botellas de plástico? ¿Y las latas de conserva? ¿Y los cartones de leche? La mayoría de los ciudadanos lo tienen claro, pero muchos todavía se confunden y depositan los residuos en el contenedor incorrecto. En el argot se llama 'impropio' al material no correctamente depositado y está perfectamente cuantificado: en el caso del contenedor amarillo -el último en llegar y el más confuso para los usuarios- se cifra entre el 20 y el 25%. Esto es, casi uno de cada cuatro elementos que se depositan para su reciclaje no debería estar ahí, lo que dificulta la labor de recuperación.
No todo es culpa del ciudadano: los productores, en especial los de alimentos envasados, han tomado en los últimos años la costumbre de mezclar varios materiales en el envoltorio -papel o cartón con plástico, por ejemplo- lo que dificulta mucho su separación.
Otras veces, el usuario concienciado con el medio ambiente peca por exceso y manda a reciclar objetos rotos que, aunque están hechos de plástico o de metal, no son envases, y por tanto no tienen otra salida más que ser reutilizados en el hogar o ir al vertedero.
A pesar de todo, el comportamiento de los malagueños en cuanto al reciclaje es cada vez mejor, y así se refleja en las estadísticas ofrecidas por Limasa y el Área de Medio Ambiente del Ayuntamiento. Al cierre del tercer trimestre del año ya se ha recogido casi un 40% más de envases de plástico, latas y bricks. En el resto de modalidades -papel y vidrio- también aumenta, aunque en menor medida por tratarse de hábitos más asentados y extendidos en el tiempo.
Mayor conciencia
Cada vecino de la capital recicla ahora casi 22 kilos de basura al año, frente a los poco más de 18 kilos del año anterior. El papel y el cartón suponen el grueso de este volumen (algo más de 12 kilos), mientras que el vidrio casi empata con los plásticos y latas (en torno a cinco kilos). Ello parece definir también un cambio en los hábitos de consumo, con un menor uso del cristal. El mayor aumento en la recogida se da en el contenedor más joven, el de envases, seguido del papel.
La magnitud global, al cierre del tercer trimestre, supone que se han recuperado unas 12.250 toneladas de materiales que, de otra forma, habrían ido a los vertederos. La ciudad genera 300.000 toneladas de basura anuales, de los que el 40% (125.000) se destina a hacer compost (abono). Del resto, el 7% se recicla y el grueso restante se deposita en el vertedero de Los Ruices.
Una radiografía de los contenedores amarillos permite hacerse una idea de los hábitos de consumo de los malagueños. Las bolsas de polietileno de baja densidad (film, las bolsas del supermercado) suponen un 13% del peso. La mayor parte corresponde al Pet (envases de agua mineral), seguido del acero, el Pead (botes de detergente y de agua mineral de mayor tamaño), los bricks y el aluminio (latas de refresco).
Sin embargo, estas cifras tienen una segunda lectura: cada vez se consumen más envoltorios de usar y tirar, en lugar de reducirlos, como plantean tanto organizaciones ecologistas como las propias instituciones, dado el alto coste económico que tiene el reciclaje. Y, lo que es peor, se calcula que la mitad de la basura aún va sin reciclar al contenedor de orgánicos, lo que encarece mucho su recuperación y provoca que buena parte de estos materiales no tenga un nuevo uso.
Araceli González, concejala de Medio Ambiente de la capital, reconoce que la conciencia ciudadana está mejorando, máxime cuando se trata de cambiar costumbres muy ancladas. «La gente está respondiendo, tenemos que poner las cosas más fáciles y hacer campañas, porque los resultados son alentadores». A su juicio, éstas deben actuar sobre los adultos, puesto que los niños ya acostumbrados.
Uno de los aspectos más criticados por los ciudadanos a la hora de enfrentarse a la separación de los residuos en casa es la dificultad que algunos modelos ofrecen a la hora de introducir las bolsas, en especial los amarillos. A este respecto, la edil adelanta que a principios de año comenzará un cambio completo del modelo de contenedores en toda la ciudad. Se adquirirán mediante el sistema de alquiler, algo que, a su juicio, mejorará en aspectos como la limpieza, otra queja generalizada. «Estamos estudiando modelos, en un par de meses empezarán a sustituirse. Serán más cómodos, más limpios, mejorará el aspecto externo y la calidad del servicio, la imagen va a cambiar radicalmente».
Depósitos
En la capital están instalados 1.440 contenedores de papel, 1.300 de envases y 1.170 de vidrio, lo que supone que hay uno por cada 500 habitantes. De éstos, media docena están soterrados en la zona Centro. El aumento del número de isletas de recogida es otra reclamación habitual entre los vecinos.
A pesar de todo, una breve encuesta entre los ciudadanos permite comprobar el nivel de conciencia de los malagueños. Aunque todavía hay detractores, que alegan aspectos como la comodidad del cubo tradicional, el mal estado higiénico de los contenedores o la lejanía a sus hogares, la mayoría de los consultados dice que separa los residuos en casa. «Uso las bolsas que me dan en la compra, y pongo por un lado las botellas con las propias bolsas de plástico y las latas de conservas. Y lo orgánico lo pongo en el cubo de siempre», explica de manera ejemplar Antonia Zambrana, ama de casa residente en Martiricos. Confiesa que no sabe para qué sirve su esfuerzo, pero considera que es importante.
Eva Loiacona, panadera del mismo barrio, ha vivido catorce años en Alemania y compara la situación de aquel país con la de Málaga. «No reciclo siempre porque me parecen muy incómodos los contenedores, el día que aquí pongan unos cubos como aquellos reciclaré todos los días, como hacía cuando vivía fuera. Tienes que meter medio brazo dentro del contenedor. El más incómodo es el amarillo, con los flecos en la boca, dan asco». La joven reclama depósitos con tapadera, más fáciles de usar. «Reciclamos siempre el aceite y separamos la basura, aunque luego todo va al mismo contenedor. En casa estamos concienciados y gastamos poca agua y poca energía, pero nos tienen que poner las cosas accesibles».
El ejemplo del reciclaje cunde, aunque la ciudad tiene todavía un largo camino por recorrer.
Después de usar los envases ¿Dónde van las botellas de plástico? ¿Y las latas de conserva? ¿Y los cartones de leche? La mayoría de los ciudadanos lo tienen claro, pero muchos todavía se confunden y depositan los residuos en el contenedor incorrecto. En el argot se llama 'impropio' al material no correctamente depositado y está perfectamente cuantificado: en el caso del contenedor amarillo -el último en llegar y el más confuso para los usuarios- se cifra entre el 20 y el 25%. Esto es, casi uno de cada cuatro elementos que se depositan para su reciclaje no debería estar ahí, lo que dificulta la labor de recuperación.
No todo es culpa del ciudadano: los productores, en especial los de alimentos envasados, han tomado en los últimos años la costumbre de mezclar varios materiales en el envoltorio -papel o cartón con plástico, por ejemplo- lo que dificulta mucho su separación.
Otras veces, el usuario concienciado con el medio ambiente peca por exceso y manda a reciclar objetos rotos que, aunque están hechos de plástico o de metal, no son envases, y por tanto no tienen otra salida más que ser reutilizados en el hogar o ir al vertedero.
A pesar de todo, el comportamiento de los malagueños en cuanto al reciclaje es cada vez mejor, y así se refleja en las estadísticas ofrecidas por Limasa y el Área de Medio Ambiente del Ayuntamiento. Al cierre del tercer trimestre del año ya se ha recogido casi un 40% más de envases de plástico, latas y bricks. En el resto de modalidades -papel y vidrio- también aumenta, aunque en menor medida por tratarse de hábitos más asentados y extendidos en el tiempo.
Mayor conciencia
Cada vecino de la capital recicla ahora casi 22 kilos de basura al año, frente a los poco más de 18 kilos del año anterior. El papel y el cartón suponen el grueso de este volumen (algo más de 12 kilos), mientras que el vidrio casi empata con los plásticos y latas (en torno a cinco kilos). Ello parece definir también un cambio en los hábitos de consumo, con un menor uso del cristal. El mayor aumento en la recogida se da en el contenedor más joven, el de envases, seguido del papel.
La magnitud global, al cierre del tercer trimestre, supone que se han recuperado unas 12.250 toneladas de materiales que, de otra forma, habrían ido a los vertederos. La ciudad genera 300.000 toneladas de basura anuales, de los que el 40% (125.000) se destina a hacer compost (abono). Del resto, el 7% se recicla y el grueso restante se deposita en el vertedero de Los Ruices.
Una radiografía de los contenedores amarillos permite hacerse una idea de los hábitos de consumo de los malagueños. Las bolsas de polietileno de baja densidad (film, las bolsas del supermercado) suponen un 13% del peso. La mayor parte corresponde al Pet (envases de agua mineral), seguido del acero, el Pead (botes de detergente y de agua mineral de mayor tamaño), los bricks y el aluminio (latas de refresco).
Sin embargo, estas cifras tienen una segunda lectura: cada vez se consumen más envoltorios de usar y tirar, en lugar de reducirlos, como plantean tanto organizaciones ecologistas como las propias instituciones, dado el alto coste económico que tiene el reciclaje. Y, lo que es peor, se calcula que la mitad de la basura aún va sin reciclar al contenedor de orgánicos, lo que encarece mucho su recuperación y provoca que buena parte de estos materiales no tenga un nuevo uso.
Araceli González, concejala de Medio Ambiente de la capital, reconoce que la conciencia ciudadana está mejorando, máxime cuando se trata de cambiar costumbres muy ancladas. «La gente está respondiendo, tenemos que poner las cosas más fáciles y hacer campañas, porque los resultados son alentadores». A su juicio, éstas deben actuar sobre los adultos, puesto que los niños ya acostumbrados.
Uno de los aspectos más criticados por los ciudadanos a la hora de enfrentarse a la separación de los residuos en casa es la dificultad que algunos modelos ofrecen a la hora de introducir las bolsas, en especial los amarillos. A este respecto, la edil adelanta que a principios de año comenzará un cambio completo del modelo de contenedores en toda la ciudad. Se adquirirán mediante el sistema de alquiler, algo que, a su juicio, mejorará en aspectos como la limpieza, otra queja generalizada. «Estamos estudiando modelos, en un par de meses empezarán a sustituirse. Serán más cómodos, más limpios, mejorará el aspecto externo y la calidad del servicio, la imagen va a cambiar radicalmente».
Depósitos
En la capital están instalados 1.440 contenedores de papel, 1.300 de envases y 1.170 de vidrio, lo que supone que hay uno por cada 500 habitantes. De éstos, media docena están soterrados en la zona Centro. El aumento del número de isletas de recogida es otra reclamación habitual entre los vecinos.
A pesar de todo, una breve encuesta entre los ciudadanos permite comprobar el nivel de conciencia de los malagueños. Aunque todavía hay detractores, que alegan aspectos como la comodidad del cubo tradicional, el mal estado higiénico de los contenedores o la lejanía a sus hogares, la mayoría de los consultados dice que separa los residuos en casa. «Uso las bolsas que me dan en la compra, y pongo por un lado las botellas con las propias bolsas de plástico y las latas de conservas. Y lo orgánico lo pongo en el cubo de siempre», explica de manera ejemplar Antonia Zambrana, ama de casa residente en Martiricos. Confiesa que no sabe para qué sirve su esfuerzo, pero considera que es importante.
Eva Loiacona, panadera del mismo barrio, ha vivido catorce años en Alemania y compara la situación de aquel país con la de Málaga. «No reciclo siempre porque me parecen muy incómodos los contenedores, el día que aquí pongan unos cubos como aquellos reciclaré todos los días, como hacía cuando vivía fuera. Tienes que meter medio brazo dentro del contenedor. El más incómodo es el amarillo, con los flecos en la boca, dan asco». La joven reclama depósitos con tapadera, más fáciles de usar. «Reciclamos siempre el aceite y separamos la basura, aunque luego todo va al mismo contenedor. En casa estamos concienciados y gastamos poca agua y poca energía, pero nos tienen que poner las cosas accesibles».
El ejemplo del reciclaje cunde, aunque la ciudad tiene todavía un largo camino por recorrer.